Hace unos
días, mientras redactaba un discurso en el que intentaba explicar en qué
consistía la ilusión que siento por hacer que nuestro municipio sea mucho mejor
de lo que es actualmente, me vino a la memoria una historia que una vez escuché
explicar a Benjamin Zandler y que ahora, con vuestro permiso, también os
relataré. Contaba Zandler que durante los primeros años del siglo XX dos
comerciantes enviados por sus respectivas empresas viajaron a África a
comprobar la posibilidad de vender zapatos allí. Pues bien, los dos hombres
cuando llegaron a África y vieron la situación, lo que hicieron fue enviar un
telegrama a la central. Así el telegrama enviado por el primer comerciante
decía: “Ninguna oportunidad. Stop. No usan zapatos.” Esas fueron las palabras
que envió el primero de los vendedores. Pero, ¿Queréis saber lo que ponía en el
telegrama que envió el otro comercial? El otro telegrama decía: “¡¡¡Magnífica
oportunidad!!! Stop. ¡¡¡¡No usan zapatos todavía!!!!”
Pues esa es
la actitud que debiera pedírsele a todo aquel que aspire a representar
una lista electoral con el objetivo de presentarse a la alcaldía de la Pobla. Y
esa ha de ser la actitud porque un candidato ha de rebosar ilusión por
los cuatro costados, ha de ver siempre el vaso medio lleno, no ha de dejar que
los proyectos se pudran en los cajones, tiene que llegar cada día al
Ayuntamiento con ganas de comerse el mundo y tiene que proyectar el nombre de
la Pobla hacia el futuro ligándolo a valores que siempre nos han caracterizado,
como la solidaridad o la igualdad, así como a otros que nos
caracterizarán a partir de ahora, como la
innovación y la revolución tecnológica. Quiero que la
ilusión sea la gasolina que alimenta el motor que mueve nuestro municipio, que
no se agote con el paso del tiempo.
Y quizás os
estéis preguntando a qué se debe todo este alegato. Muy sencillo, se debe a que
hace tiempo que echo de menos, y seguro que vosotros también, esa ilusión en la
Pobla. Tengo la sensación de vivir continuamente en el día de la marmota desde
hace ya bastante tiempo.
No veo
ilusión por nuevos proyectos de pueblo, ni ganas por mejorar nuestro municipio,
ni empeño en hacer de la Pobla un sitio mejor. Y la consecuencia es que es
ahora cuando el cambio es inaplazable. Y lo es porque, si no, corremos el
riesgo de perder cuatro años más. Cuatro años valiosísimos que habrían de
servir para transformar la Pobla en mucho más de lo que es ahora. Y es posible,
pero para ello se requiere trabajo, ganas, esfuerzo, capacidad y sobre todo
ilusión, toneladas de ilusión.
Así que si
me lo permitís me gustaría deciros que la ilusión que me mueve por cambiar las
cosas me transporta y lleva en volandas con el objetivo de hacerme sentir
artífice de algo casi mágico que me gustaría que hiciéramos entre todos,
juntos, porque solo así es posible hacerlo. Si creéis, como yo, que es posible
hacerlo sumaos a este bonito reto. Ya somos muchos pero queremos ser más,
muchísimos más y cuanta más gente participe de este apasionante proyecto más
posibilidades tendremos de lograrlo. Por ello os animo y aliento a tomar
parte y espero veros muy pronto colaborando de alguna manera, ya sea aportando
ideas o de cualquier otra forma con el objetivo de llevar a cabo todo aquello
que, junto a vosotros, nos propongamos.


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