Desde este blog quiero felicitar a toda la tripulación del atunero Alakrana por su reciente liberación. Me imagino que habrán tenido que soportar situaciones tremendamente angustiosas, pero por suerte para ellos ha tenido un final feliz.
En el otro lado de la línea están los secuestradores. Si bien es cierto que se creía que la piratería era algo obsoleto y característico de tiempos pasados (de hecho se eliminó del código penal por estas razones, entre otras) durante este mes y medio que ha durado el secuestro hemos visto como el oficio de pirata ha vuelto a resurgir. La diferencia entre los piratas actuales y los de hace unos cientos de años (a parte de la vestimenta, del lora, el parche y la pata de palo) es que ahora, estos piratas, tienen sus abogados y sus estrategias para quedar impunes y conseguir que sus fechorías no puedan ser perseguidas por nadie.
En el caso concreto del atunero Alakrana, a parte de los tripulantes, probablemente quien haya de pagar un precio más alto será la compañía de seguros que habrá de hacerse cargo del pago del rescate. Evidentemente, ellos no pagarán directamente a los secuestradores sino que reembolsarán la cantidad que el armador ha tenido que pagar por la liberación.
Cada vez un mayor número de armadores contratan pólizas que cubren el riesgo de secuestro y el pago de rescate, de modo que son las aseguradoras quienes desembolsan hasta 3,5 millones de euros para liberar a un barco de manos de los piratas. Vamos que para los piratas es un negocio ya que son conscientes que los armadores/gobiernos/familiares no van a poner muchas pegas al pago del rescate puesto que saben que al final quien acabará pagando serán las aseguradoras.
De ahí que de aquí a unos años cuando le preguntemos a los niños: ¿Y tú, que quieres ser de mayor? Muchos de ellos responderán: “¡¡¡ Piratas !!!”


Yo quiero ser funcionario. Trabajo fijo, buen horario y sin estrés.
Pues si tengo que elegir entre pirata y funcionario no sé con que quedarme.